Lun, 20 Xuñ 2016, 21:11
Asunto: Re: El diario gatuno de Slump
Cuaderno de bitácora. Segundo año del gato. Día 348. (18 de junio)
Carrerón el que he hecho en Nigrán. Y no, no está feo que lo diga, no siempre voy a andar con quejas y en modo pupas. Carrerón de los que saben mejor por inesperados, que iba sin malicia a rodar un poco (y archiesprintar sólo si se terciaba). Si llegan a quitar alguna cuesta incluso habría regresado a casa con marca personal cuando ya estamos en temporada de rebajas.
Tras otro sábado relajado (no de relajo, no es lo mismo), se me fue el tiempo viendo la última de Tarantino, que si bien no es John Ford, según Matogrosso, tampoco es Peter Jackson (lo odiamossss), y acabamos aparcando casi sobre la hora. Mi dorsal lo tenía Isaías y éste estaba disperso enseñando el paisaje a una retornada, aproveché su ausencia para posar con los Tortujas y Jackbauers presentes, y gritar a coro con los Vigorunners el mantra:
¡estás en todas! Ay el día que falte, ya me echaréis de menos.
Atronado por el volumen de los altavoces fui apartándome de la salida y el meollo, y al fondo del pelotón di con la sección femenina (no falangista) que supuse proveniente del gimnasio que organizaba la prueba. Arrancamos, había una mínima subida y ya la calle descendía y allá nos fuimos sin mesura, aunque con veteranía ponía un ojo en los compañeros y el otro en estrábica vigilancia en el reloj. Iba rápido pero cómodo, manteniendo sin dificultad ritmos de 4'12", alcancé a Iago y me señaló a Chamorro, está como un toro, etc., y en verdad estaba ya muy distante, hoy no será, pensé.
Por Monte Lourido arriba me vine abajo, hasta que los gaiteros acudieron al rescate, en un déjà vu invertido recordé la última Vig-Bay exitosa, volví a recuperar fuerzas y ánimos, y entramos en la zona con más ambiente y público, que me alimenta más que los geles. Iba bien, de sensaciones y de tiempos, enfrascado en duelecillos breves y olvidables, desconocidos a los que persigo durante unos minutos y a otra cosa. Y delante, casi en el horizonte, sin acercarse pero sin irse del todo, la camiseta negra y el pantalón amarillo de Chamorro, como una avispa que revolotea y no se va.
Dejamos Praia América, cruzamos Panxón, y mirando al mar soñé que estabas junto a mí, mirando al mar yo no sé qué sentí: pues sentí que a qué venía tanta prisa y también sentí ganas de correr. Sin aflojar, a gusto, peleando. Mantén la bravura de tu corazón, tu coraje será puesto a prueba muy pronto (si te pillan todas esas frases que copias de las novelas, tú di que es un homenaje o un guiño): nos esperaba Monteferro, no al completo sino sólo la entrada, el aperitivo, la puntita, el reborde, pero suficiente para liquidar a uno. Y así habría sido si no me hubiera adelantado una chica y despertado al gato atigrado que hay en mí. Aceleré y ya no frené, me ajusté las gafas progresivas y por la parte de ver de lejos localicé a Chamorro, y a Paula que iba detrás. Voy, no voy, voy.
Lo suyo sería ahora poner música de persecución y vídeos de grandes remontadas, porque contarlo no tiene mayor gracia que ir al resultado final. Metro a metro les fui recortando, y si Championchip hubiera colocado alfombrillas intermedias saldrían todos los puestos que gané, y no siendo el caso soy libre de inventar una cifra y diré que no menos de cincuenta. ¡Pim pam pim pam! En la última curva antes de la meta pisé la acera como todos, por la ruta que el buen sentido y la inercia dictaban en ese momento, para recochineo de Billa que me acusó de atajar, y todavía le contesté que estaba ata
cando, con c, pero en la convicción de que es mejor la honra sin barcos que lo otro y por si acaso, perdí o dejé perder los dos segundos que necesitaba y entré justo detrás de ellos, los tres Jackbauers juntos y ya enfrascados en luchas internas, las veinticuatro horas de Castrelos van a estar calientes este año.
Ritmo final: 4'19" para un diez mil bien medido, si no homologado, y con dos montes a los extremos a modo de cornuchos de croissant. Era para estar satisfecho y merecerse la cena posterior y el gin-tonic. Digo yo.
Como el Ave Fénix resurjo de mis lesiones